Cuando cuesta decir qué falta
Podés querer a tu familia, valorar tu trabajo y sentirte mal. Contar las cosas buenas que tenés no alcanza para explicar lo que te está pasando. Hace falta que puedas contar también cómo estás viviendo todo eso.
En consulta me interesa escuchar cómo aparece esa sensación en tu caso. Desde cuándo está, en qué momentos se vuelve más intensa y qué preguntas trae. La expresión “angustia existencial” puede ser una manera de empezar a hablar; no explica por sí sola lo que te pasa.
La presión de encontrar una respuesta
Buscás una respuesta y enseguida aparecen las consignas: encontrá tu propósito, descubrí tu pasión, reinventate. Bueno… quizás ahora mismo te cuesta levantarte con ganas de hacer lo de todos los días. La tarea de resolver tu vida entera puede sentirse enorme.
Podemos detenernos en decisiones más concretas: qué sostenés por costumbre, qué esperás de vos, qué cambió en tus vínculos o qué proyecto dejó de interesarte. No hace falta responder todo junto.
Llevar esa pregunta a una entrevista
¿Y si no sabés explicar qué te pasa? Podés decirme justamente eso. “Me cuesta entusiasmarme” o “no estoy bien y no entiendo por qué” ya es una manera de empezar. A partir de ahí vamos conversando.
Mi trabajo es escuchar esa experiencia en relación con tu historia. A partir de ahí podemos pensar qué necesitás y cómo continuar, sin suponer que la misma respuesta sirve para todos.